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LA RUTA DEL ORIENT EXPRESS EN COCHE: UN VIAJE A TRAVÉS DEL TIEMPO Y LA HISTORIA

París-Estambul-París sin repetir destino. Cerca de 6.000 kilómetros por más de 30 ciudades y 12 países, que recrean la mítica ruta en tren, sinónimo de lujo y aventura, también al volante.

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LA RUTA DEL ORIENT EXPRESS EN COCHE: UN VIAJE A TRAVÉS DEL TIEMPO Y LA HISTORIA

El lujo incomparable de uno de los trenes más famosos de la historia

El 5 de junio de 1883 el Orient Express partía, por primera vez, de la Estación del Este de París rumbo a Estambul, cuando todavía se llamaba Constantinopla. Se cumplía así el sueño del joven belga Georges Nagelmackers, que había conocido la red de ferrocarriles Pullman y los primeros vagones cama del mundo durante su estancia en Estados Unidos. No había nada parecido en Europa, y Nagelmackers, que además de ingeniero era un visionario, decidió replicar la idea, pero adaptando el modelo de lujo de los viajes en transatlántico que causaban furor entre los millonarios de la época. El resto es historia convertida en leyenda gracias al cine y la literatura, una leyenda que continúa más allá de su último viaje regular, realizado en 1977.

El Orient Express cambió la geografía del continente, acercando Oriente y Occidente en un viaje de 3.000 kilómetros y una duración de siete días, un auténtico prodigio a finales del siglo XIX. Y la historia lo cambió a él, obligando a la compañía a modificar su trazado a partir de la I Guerra Mundial y, de nuevo, durante la Segunda Gran Guerra.

LA RUTA DEL ORIENT EXPRESS EN COCHE: UN VIAJE A TRAVÉS DEL TIEMPO Y LA HISTORIA

Cartel clásico de la ruta del Orient Express de principios de siglo

Casi un siglo y medio después, el avión ha hecho de Europa –y del mundo– un “lugar más pequeño”, pero es posible recrear la aventura del mítico trayecto en coche en una ruta a través de 12 países que permite descubrir algunos de los paisajes y rincones más bellos del continente. Lo de recrear el lujo y el glamur del Orient Express ya depende del bolsillo de cada uno.

La ruta básica propuesta parte de París y sigue el trazado original del primer viaje del Orient Express hasta Estambul, y vuelve al punto de partida a través de la ruta Simplon Orient Express inaugurada en 1919 (para evitar el paso por territorio alemán), con la apertura del túnel Simplon que unió Suiza con Italia atravesando las entrañas de los Alpes.


CAMINO DE IDA

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El ‘skyline’ de Estrasburgo, primera parada de la ruta

Ruta 1 PARÍS-ESTRASBURGO

(502 km / A4 y N4 / 5h 34m). Con paradas en Châlons-en-Champagne y Nancy.

Châlons-en-Champagne es una pequeña población de Francia a 188 kilómetros al este de París que merece una parada para recorrer su casco antiguo, muy bien conservado, o dar un paseo en barca por sus canales.

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Las oníricas calles de Estrasburgo

A 163 kilómetros se encuentra Nancy, capital europea del Art Nouveau, con una animada actividad cultural, comercial y de ocio, y un patrimonio arquitectónico excepcional.

Estrasburgo, a 160 kilómetros, es una de las ciudades más bonitas de Francia, conocida por su impresionante catedral gótica y su pintoresco casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


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Múnich, la estrella del sur de Alemania

Ruta 2 ESTRASBURGO-MÚNICH

(519 km / A8-A5 / 6h 3m). Con parada en Stuttgart.

Desde Estrasburgo, el viaje continúa hacia Alemania y discurre a través de los paisajes montañosos y los densos bosques de la Selva Negra en dirección a Baviera. El Orient Express tenía parada en Stuttgart (a 148 kilómetros de Estrasburgo), un destino perfecto para los amantes del motor, en el que se encuentran las sedes de Mercedes-Benz y Porsche y sus respectivos museos.

Otra parada recomendada (que no precisa desvío) es Baden-Baden, famosa por sus baños termales. A 232 kilómetros de Stuttgart se encuentra Múnich, un destino imprescindible en el que perderse por sus majestuosos palacios, como el de Nymphenburg, y disfrutar de la cerveza bávara en una de sus tradicionales cervecerías, como la histórica Hofbräuhaus, abierta en 1589.


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El palacio de Schönbrunn, pura realeza austríaca

Ruta 3 MÚNICH-VIENA

(440 km / A1 y A8 / 5h). Con parada en Salzburgo (Austria).

La ruta sigue hacia el sureste en dirección a Austria, atravesando los Alpes austriacos, un trayecto que brinda impresionantes vistas panorámicas entre montañas y valles. Aunque el viaje original del Orient Express tenía parada en Simbach am Inn (Alemania), enseguida se sustituyó por Salzburgo, la ciudad de Mozart.

Viena es la primera gran parada del Orient Express, un destino de lujo a la medida de los millonarios viajeros del mítico tren para disfrutar su vida musical y su arquitectura. La Ópera y el Palacio de Schönbrunn son dos de las visitas imperdibles.


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Budapest, una de las capitales más bellas de Europa

Ruta 4 VIENA-BUDAPEST

(244 km / A4-M1 / 2h 47m). Con parada en Bratislava y Györ.

Solo 244 kilómetros separan la capital de Austria y la de Hungría, pero el recorrido del Orient Express se desviaba por Bratislava (Eslovaquia) y Györ (Hungría).

Aunque la autopista A4 resulte el camino más rápido entre Viena y Bratislava, merece la pena tomar la A4 y la B9; los 69 kilómetros de trayecto discurren en paralelo al Danubio, con interesantes puntos panorámicos. Bratislava, ahora capital de Eslovaquia, es una preciosa ciudad a orillas del Danubio rodeada de viñedos, con un casco antiguo que se remonta al siglo XIII completamente peatonal. Perfecta para pasear y perderse en sus animados bares y cafeterías. El desvío merece absolutamente la pena.

La ruta prosigue adentrándose en Hungría, con destino a Budapest a través de la E60/M1. Györ queda a mitad el camino.

Dividida por el río Danubio, Budapest combina la grandeza histórica con una vibrante vida moderna. El Parlamento Húngaro, el Bastión de los Pescadores y las Termas Széchenyi son algunos de sus puntos destacados.


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Transfagarasan, un auténtico paraíso para hacer volante

Ruta 5 BUDAPEST-BUCAREST

(836 km / E75-A1-E81 / 9h 30m) Pasando por Szeged, Timisoara, Szeged, Timisoara y Pitesti.

El recorrido continúa hacia el sureste atravesando los imponentes paisajes de los Cárpatos con destino a la capital de Rumanía: Bucarest. Para el trayecto más largo de todo el recorrido hemos omitido dos paradas del Orient Express, Orsova y Craiova, que implican un desvío de la ruta principal, para centrarnos en los destinos de mayor interés turístico entre las paradas originales: Szeged, Timisoara y Pitesti, además de añadir dos más: Sibiu, en plena Transilvania, y Bran, donde se localiza el castillo del conde Drácula.

Szeged, todavía en Hungría, está a 175 kilómetros de Budapest, y es un buen lugar para realizar una parada. La ciudad es famosa por su gastronomía local: halászlé (sopa de pescado con paprika), salchichas ahumadas, el mejor salami del país y, por supuesto, goulash y lángos.

A 117 kilómetros se encuentra Timisoara, ya en Rumanía, apodada la ‘Pequeña Viena’ por su fabulosa arquitectura o la ‘Ciudad de las rosas’ por sus magníficos jardines y zonas verdes. Y a 271, Sibiu, una preciosa ciudad medieval de Transilvania que, aunque queda al norte de la ruta original (que pasaba por Craiova) merece mucho más la pena y está cerca de Bran (144 km), una parada imperdible del viaje para ver su castillo, conocido como el del conde Drácula,

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El castillo de Bran, supuesto hogar de Drácula

En el trayecto entre Sibiu y Bran, si hay tiempo, se puede tomar un desvío y hacer una ruta muy especial para los que disfrutan al volante por una de las carreteras más famosas del mundo: la Transfagarasan. A la carretera DN7C (su nombre oficial), se accede en un desvío unos kilómetros antes de llegar a Cârta (a 52 km de Sibiu). Los 90 kilómetros de carretera de montaña serpentean a través de los Cárpatos y brinda unas vistas majestuosas. Hay un alojamiento perfecto para los que no quieren perderse la experiencia de conducir por uno de los tramos de curvas de alta montaña más espectaculares de Europa: el hotel Piscul Negru.

Desde Bran hasta Bucarest hay 187 km. Conocida como ‘Pequeña París’ por su arquitectura y su vida cultural, la capital rumana es una parada esencial del Orient Express.


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La estación de Sirkeci, en Estambul, final de la ruta original del Oriente Express

Ruta 6 BUCAREST-ESTAMBUL

(639 km / E85-E70-E80 / 8h 56m)

Cuando el Orient Express inauguró su ruta no era posible llegar en tren hasta Estambul. El Danubio se interponía en su camino y no existían las infraestructuras ferroviarias necesarias para cruzarlo. El tren llegaba hasta Giurgiu (a 63 kilómetros al sur de Bucarest), se cruzaba el río en transbordador y se tomaba un tren alternativo en Ruse, justo al otro lado del Danubio, hasta Varna (Bulgaria), a orillas del Mar Negro; desde allí se accedía por mar a Estambul, una ruta que se mantuvo hasta 1889.

Estaría bien sumar una experiencia más a esta aventura: seguir el trazado original del Orient Express y tomar un ferri en Varna con destino a Estambul, pero en la actualidad no opera ninguno para pasajeros. Una alternativa es realizar el trayecto por la autopista más próxima a la costa (E81) y hacer una parada en dos de los pueblos de pescadores más bonitos de Bulgaria: Nesebar y Sozopol, a orillas del Mar Negro.

Los atractivos de Estambul son de sobra conocidos (Santa Sofía, la Mezquita Azul, la Cisterna Basílica, el Gran Bazar, el Palacio de Topkapi, el Bósforo…), pero para empaparse del espíritu del Orient Express hay dos visitas imprescindibles: la estación de Sirkeci, terminal de la ruta original, que mantiene abierto un museo (Istanbul Railway Museum) lleno de referencias a la mítica ruta; y el hotel Pera Palace, uno de los hoteles de lujo que se abrieron a lo largo del trayecto para alojar a los distinguidos (y adinerados) viajeros del tren.

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El hotel Pera Palace, donde Agatha Christie escribió ‘Asesinato en el Orient Express’

La habitación 411 no es la más lujosa del hotel, pero sí la más solicitada. En ella se alojó Agatha Christie y se cree que allí escribió ‘Asesinato en el Orient Express’. La estancia dispone de una biblioteca con las obras de la escritora y una máquina de escribir Underwood similar a la que usaba la escritora, sobre un escritorio de la época.


CAMINO DE VUELTA

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La tremenda belleza de Sofía, la capital búlgara

Ruta 7 ESTAMBUL-SOFÍA

(584 km / E80 / 6h 47m)

Para la vuelta, se puede retomar la ruta sur del Orient Express abierta en 1919 tras la apertura del túnel Simplon. La primera parada es Sofía, capital de Bulgaria, una encrucijada natural entre Oriente y Occidente en el corazón de los Balcanes. A la mitad del trayecto, Plovdiv, una de las ciudades más antiguas de Europa, merece una visita.


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La famosa calle Skadarlija de Belgrado

Ruta 8 SOFÍA-BELGRADO

(393 km / E80 y E75 / 4h 24m) Con parada en Nis.

La ruta prosigue cruzando Serbia desde el sur en dirección a su capital, Belgrado. Antes de llegar, una parada en Nis, una de las ciudades más grandes del país pero que conserva un casco antiguo interesante y cuya Torre de Cegar (Cele Kula o Torre de las calaveras) se ha convertido en uno de sus principales puntos turísticos.

En Belgrado es imprescindible pasear por la calle Skadarlija y sus alrededores, la zona más singular, bohemia y auténtica de la ciudad.


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Liubliana, la desconocida y bellísima capital de Eslovenia

Ruta 9 BELGRADO-VENECIA

(765 km / E70 / 7h 38m) Con parada en Trieste. Pasando por Zagreb y Liubliana.

La ruta prosigue hacia el norte en dirección a Italia y pasa, sin desviarse, por otras dos capitales europeas que merecen una parada: Zagreb, capital de Croacia, y Liubliana, capital de Eslovenia, una de las más pequeñas de Europa, una auténtica joya poco conocida. Como la ruta trazada pasa por Postoina (Eslovenia), sus cuevas y el Castillo de Predjama, el más grande del mundo ubicado dentro de una cueva, a 9 km, son más que recomendables.

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El Castillo de Prediama, excavado en plena roca

El tren tenía parada en Trieste, una coqueta ciudad portuaria famosa por su paseo marítimo y su arquitectura neoclásica.

Poco se puede añadir de la archiconocida Venecia, más que el acceso en coche está restringido y se requiere una planificación previa para conseguir aparcamiento, por ejemplo en Mestre o Marghera y, desde allí, tomar el tren a la ciudad.


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Monza, uno de los templos sagrados de la Fórmula 1

Ruta 10 VENECIA-MILÁN

(278 km / A4 / 3h)

El trayecto entre estas dos ciudades imprescindibles de Italia está lleno de “tentaciones”: Padua, Vicenza, Verona, Brescia… o Monza, lugar de peregrinación para los amantes del motor, en el interior del Parque de Monza, a 18 kilómetros de Milán. Y a 16 kilómetros al noroeste de Milán, en Arese, se encuentra el más que interesante Museo de Alfa Romeo.


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Camino de Lausana, bordeando uno de los numerosos lagos suizos

Ruta 11 MILÁN-LAUSANA

(327 km / A4 y E64 / 4h 10m)

Con la apertura del túnel Simplon el tren sorteaba el complicado paso de los Alpes. En coche, y aunque el trayecto entre Milán y Lausana es de solo 327 kilómetros, el conductor se enfrenta al desafío de las (excelentes) carreteras alpinas suizas, que hay que recorrer sin prisas y disfrutar sus paisajes. Antes de llegar a la ciudad suiza, Montreux, a orillas del lago Leman, merece una parada.


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Y al final todos los caminos conducen… a París

Ruta 12 LAUSANA-PARÍS

(519 km / A6 / 5h 52m) Con parada en Dijon/Lion.

Antes de llegar a París, el Orient Express tenía conexión con dos preciosas ciudades francesas: Lion y Dijon. Si quedan fuerzas –y tiempo– merece la pena desviarse para pasear por el centro medieval de Dijon; está a 48 km al norte de Savigny-lès-Beaune.

Mabel Figueruelo
Mabel Figueruelo

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